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Autoconocimiento

¿Será que nos conocemos como creemos? A la mayoría de los pacientes cuando les que pregunto ¿Cómo eres? les cuesta mucho responder y les llama mucho la atención no poder describirse ampliamente. Brotan dos o tres adjetivos, pero luego se hace el silencio.

El mundo en el que vivimos nos lleva a conocer el exterior, podemos describir como son nuestros amigos, familiares, conocidos, lugares visitados, acontecimientos….. con bastante acierto y amplitud. Pero nos congelamos al tratar de describirnos a nosotros mismos.

Pruebe, haga el siguiente ejercicio: Haga un listado de adjetivos que lo describan (por supuesto no físicamente). De cinco a diez…Piense más en usted mismo, búsquese en su interior y aclárese. De diez a quince, medianamente se conoce, más de 15, tiene un muy buen autoconocimiento.

¿Por qué es importante el autoconocimiento? Porque sin autoconocimiento no hay cambio.

Para producir cambios es necesario el conocimiento profundo de lo que quiero cambiar. Y a veces, los cambios pueden significar sufrimiento ya que habría que tomar decisiones que pueden afectar a los demás (pareja, hijos, familia, amigos, etc.).

Es entonces cuando la persona, inconscientemente elige «desconocer» lo evidente, porque al desconocerlo, no siente la fuerza interior que le impulsa al cambio, ya sea porque le asusta, porque se siente incapaz de lograrlo, porque teme a las consecuencias…….

Desconocerse es quedar congelado en el tiempo, dejando que los acontecimientos «les pasen» sin poder elegir y sin comprender el porqué.

Una vida plena nace con el autoconocimiento. ¿se conoce Ud.lo suficiente?

¿eres un golpeador?

¿Eres un golpeador y no lo sabes? ¿Eres un golpeador en potencia pero aún no lo crees? ¿Consideras que un empujoncito no supone ser un golpeador? O tal vez consideras que usar palabras agresivas, despectivas y disonantes no es ser un golpeador.

Pues debo decirte que si lo eres. Que toda esa rabia que se acumula dentro de ti, no tiene que ver directamente con la persona que tienes a tu lado, sino con heridas no curadas de tu infancia o con una patología que aún no te han diagnosticado. Lo que sientes y haces no es normal aunque lo justifiques culpando al otr@.

Te cuento lo que pasa en tu interior:

Primero notas que vas acumulando progresivamente tensión, te sientes nervioso y malhumorado y llega un momento en que no te puedes controlar.

Entonces explotas con palabras o actos destructivos, sientes que tienes que callar de alguna manera a tu pareja, que tienes que destruirl@, borrarl@ y dependiendo del nivel de ira, golpeas violentamente física o psicológicamente hasta que la tensión se afloja y te das cuenta del daño causado.

Es cuando ante el temor al abandono muestras arrepentimiento con frases amorosas y tiernas caricias hasta que consigues el perdón.

Y estás preparado para iniciar el ciclo nuevamente. “Nunca más” va a ser una falacia más, una vana promesa, siempre habrá una vez más si no tomas conciencia y buscas ayuda psicológica. Hay un Hulk en ti que necesita ser comprendido y controlado para que no dañe las personas que te son importantes.

SOLO DE TI DEPENDE.

Ansiedad, estrés, nerviosismo ¿Qué me pasa?

A veces es muy difícil distinguir lo que está pasando, de hecho, comúnmente los términos se confunden y se utilizan indistintamente para para definir los mismos síntomas o sensaciones.

Para funcionar, cuidarnos y prevenir, necesitamos un determinado nivel de estrés. Un nivel que no es igual para todos ya que depende del temperamento de cada persona, lo importante es que cuando estamos en niveles normales, no lo percibimos, sin embargo, cuando supera ese umbral comenzamos a tener ciertos síntomas o sensaciones como el “nerviosismo”. Entonces decimos “estoy nervios@ pero no sé por qué” o le atribuimos factores externos causantes de estos nervios, por ejemplo “los niños se portaron mal”, el jefe vino histérico y se la agarró conmigo”, “es que he perdido….”, “el coche no me arrancó”…………

Todas estas causas son factores de estrés, entiéndase como estrés el desgaste o exigencia al cuerpo o mente, superior a lo habitual. Cuando este estrés se sostiene en el tiempo se dice que sufrimos trastorno de ansiedad y comienzan a aparecer síntomas que antes no teníamos, como trastornos digestivos, hipertensión, insomnio, hipercolesterolemia, dificultades en la visión, sonidos sólo percibidos por nuestro oído (que pueden ser internos o cierta hipervigilancia de sonidos que se encuentran a nuestro alrededor: el tictac del reloj, ruidos de coche, conversaciones provenientes del exterior, etc.).

Junto con el estrés sostenido en el tiempo, comienza nuestro cerebro a “independizarse” y nos encontramos pensando la mayor parte del día sobre nuestros problemas o nuestros síntomas y: o nos adelantamos en el tiempo (mañana estaré peor, esto no se me va a pasar nunca,… seguro que….)  o regresamos al pasado a revisar resultados de situaciones que ya se resolvieron hace tiempo y pensamos en hipotéticas resoluciones alternativas (y si…?, tendría que haber….quizá si yo…). E imaginamos escenas que aún no sucedieron o que acontecieron hace tiempo.

Ya tenemos listo el escenario para un posible ataque de pánico: la ansiedad en su máximo potencial. Los síntomas (temblor, sensación de falta de aire, mareos, taquicardia, etc.) se apoderan de nosotros y son mantenidos por el miedo (a un ataque del corazón, a desvanecerse, a salir a la calle, quedarse adentro, a desmayarse, a despersonalizarse) y una imperiosa necesidad de huir se apodera de nuestra mente y nos lleva a la desesperación ante una vívida sensación de muerte inminente .

En los días que estamos viviendo,  gracias al ajetreo de las ciudades, es muy difícil escapar al estrés.  Alistar los niños, que desayunen, prepararles la merienda, llevarlos al cole, correr al trabajo, salir a almorzar apurados, algo rápido generalmente, alistarnos para buscar los niños al cole y llevarlos a sus actividades extraescolares, preparar la cena mientras hacemos la colada, bañarlos, ayudarlos con sus tareas, bañarnos y acostarnos rápido para comenzar con esta rutina nuevamente mañana.

En el camino van quedando esos 5 minutos que nos debíamos tomar pero que no encontramos el momento, las charlas con nuestras parejas o hijos, las sobremesas que nos ayudaban a conectar entre nosotros, conocer y compartir nuestros problemas, disfrutar de la felicidad que, a pesar de todo, tenemos.

  Son pocas las personas que saben darse su tiempo, que respetan su cuerpo y sus necesidades, que se priorizan frente a demandas laborales o de agenda. Estamos acostumbrándonos a llenar todos los huecos libres, si nos sobran unos minutos acudimos a ver novedades en redes sociales, o consultamos nuestro correo, o llamamos amigos. No sabemos estar sin hacer nada, sin darnos cuenta que, quizá, el hacer nada es lo que nuestro cuerpo o mente necesita para recuperarse del estrés del día, recobrar fuerzas o simplemente, relajarse o disfrutar.

Hace muchos años había una publicidad que decía “Me tomo 5 minutos y me tomo un té …XX”.  Hemos perdido la capacidad de tomarnos esos cinco minutos, quizá vendría bien recordarlo unas dos veces al día como una manera de luchar contra el estrés que nos lleva a “hacer cosas” todas las horas del día en las que no estamos durmiendo.

Algunos tips:

  1. Encuentre tiempo para tomarse 5 minutos para usted, disfrutar del día, del sol o saborear un buen café o té.
  2. Dos veces por semana tome clases de yoga, baile, zumba, o alguna actividad que le resulte divertida.
  3. Cuando tenga una preocupación, resuélvala, no la lleve de paseo con usted a todos lados.
  4. Permanezca en el aquí y ahora, no vaya  al futuro a preocuparse por situaciones que aún no ocurrieron y quizá nunca lo hagan. Ni al pasado a revisar cuentas o facturas: ya están resueltas, quizá no como usted quisiera que se hubieran resuelto, pero no hay posibilidad de reescribir el pasado.

Si con estos tips, no consigue bajar el nivel de estrés, es probable que sea necesario consultar a un psicólogo para que nos ayude a encontrar el norte perdido.

Autoestima

Es una palabra muy usada en los tiempos que corren, diríamos que está de moda. Pero también nos sirve como Papelera de Reciclaje, todos los males habidos y por haber pasan por la autoestima. ¿Será así?

 

Veamos. Hay una definición que me gusta mucho desde que la leí. Dice que la autoestima es inversamente proporcional a la distancia que hay entre lo que soy y lo que me gustaría ser. Es decir que a mayor distancia entre lo que yo soy (o al menos creo que soy) y lo que “de alma” me gustaría ser, menor será la estima que me tenga.

 

Bien, esto como palabrería suena muy bien para mí y para alguno de ustedes también, pero……¿será que todos nos hemos puesto a pensar en como somos o nos gustaría ser? O nos es más fácil pensar en cómo no somos?

 

Y en el caso de haberlo hecho, tal vez nos dijimos yo soy tímida/o y cerramos la puerta a más búsqueda como por ejemplo, soy expresiva, afectiva, comunicativa,…….etc. Es fácil que una vez que encontramos una piedra en el camino la utilizamos de lápida (cuántas veces nos escuchamos decir o pensar – y bueno, yo soy así.)

 

La autoestima comienza por conocernos lo más profundamente que podamos, implica saber quién soy, qué soy, cuales son mis ilusiones, mis sueños, donde estoy parado aquí y ahora en mi vida, como me comunico, cuales son mis defectos y cuánto quiero trabajar en ellos para cambiarlos, que me hace feliz, qué me pone triste, qué me deprime, cómo hago para salir de mi depresión, qué me pone ansioso, cómo me comporto estando ansioso, cómo controlo mi ansiedad, si pienso en lo que quiero o en lo que me viene a la mente…es decir saber si soy yo quién conduce el timón de mi vida o si tengo las velas desplegadas para que el viento me lleve hacia donde él sople.

 

El primer paso para saber quien soy comienza justo en este punto. En una búsqueda que me llevará a lo más profundo de mi intimidad, donde tengo guardadas todas las respuestas. El camino a la autoestima comienza por atreverse a mirarse, sentirse, escucharse y marcar el camino hacia la persona que queremos ser.