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LAS PALABRAS Y SU SIGNIFICADO EN LA COMUNICACIÓN HUMANA

cineNo vamos a hablar de semántica sino para aclarar algunos conceptos que la PNL desarrolla con respecto a la conducta y la forma en que las personas se comunican.
Las palabras tienen un significado propio y eso lo estudia la semántica.

Todo signo lingüístico (palabra) tiene dos caras: el significante o parte material del signo que es, por ejemplo, el nombre que las cosas tienen  (todos sabemos lo que es una flor) y el significado o imagen mental que sugiere el significante (la flor en la que usted pensó al leer la palabra y que será diferente de la que yo pensé al escribir este artículo).
Grinder y Bandler -los creadores de la PNL- definen a las palabras como rótulos  que damos a parte de nuestra historia personal. (De sapos a príncipes).

¿Cómo accedemos al significado de las palabras?

Pensemos en la palabra (o significante) “flor”. Obviamente todos tenemos el concepto de lo que a flor se refiere, lo hemos aprendido de nuestros mayores (cuándo aún no teníamos la experiencia suficiente como para darle un significado subjetivo) y ellos lo heredaron de sus mayores de la misma manera.

Pero ¿cómo accedemos al significado, al rótulo? Lo hacemos a través de imágenes (imaginamos quizá el jardín de nuestra madre cuando éramos pequeños), a través de sensaciones (la emoción que nos producía el olor de las flores en primavera) o a través de sonidos que quizá nos remontan a las primeras experiencias con los pétalos de las siemprevivas.

Cuando nos estamos comunicando, es decir cuando escuchamos pronunciar la palabra flor, no respondemos desde el   significado de la palabra según el diccionario, sino desde  el significado personal que para nosotros tiene esa palabra, es decir al registro cerebral del recuerdo de  nuestra experiencia con respecto a la misma. Por eso, distintas personas reaccionan de diferentes maneras ante un mismo significante o palabra. Como ejemplo basta escuchar las discusiones que sobre la religión, el aborto, la eutanasia, la crisis, etc. que abundan en nuestros medios.

Desde esta óptica, las palabras funcionan como anclas, seleccionan el tipo de recuerdos que traerá de la memoria al escuchar determinado signo lingüístico y no otro. Por ejemplo, para una persona dedicada a la venta de flores, la palabra flor tendrá una connotación económica, para una quinceañera una connotación emocional,  para las personas involucradas en la producción el cumplir con su trabajo… y así hasta el infinito. Y todos estos posibles y diferentes puntos de vista surgen de oír o leer la palabra flor.

Es  por este doble sentido, y no otro, que surgen las discusiones entre las personas. Imaginemos este diálogo:

-¡Qué ganas de ver una peli! -Dice María pensando en una salida al cine con su esposo.

– Dale! El fin de semana- Dice Juan pensando en una reunión con amigos para ver una película alquilada.

Llega el fin de semana y María pregunta ¿A qué hora saldremos?

-¿Cómo salir? Yo invité a José y Luisa para que vengan a ver una peli a casa- contesta Juan

-¿Viste que nunca me escuchas!!!!! Responde María ilusionada con la salida, decepcionada de su esposo y enojada con el cambio de planes que había imaginado (pero nunca comentado).

María dio por supuesto que hablaban de lo mismo cuando hizo su primer comentario…

¿Qué tendrá esto que ver con nosotros y nuestra forma de comunicarnos?………

Engañanado al cerebro

¿Sabías que podemos cambiar nuestro estado de ánimo a voluntad engañando al cerebro ? ¿Sabías que podemos realizar acciones que nos atemorizan, como por ejemplo rendir exámenes engañando al cerebro? Si, como lo lees. Engañando al cerebro.


Está comprobado que nuestro cerebro no distingue entre una situación pensada y una situación realizada, por lo tanto, el poder de las visualizaciones aplicadas en las técnicas de programación neuro lingüística, cumplen la función de  “hacerle creer” a nuestro cerebro que en su experiencia, realizó las acciones deseadas.

Sabemos, gracias a los aportes realizados por el psicólogo Albert Bandura, que el cerebro aprende en base a repeticiones de acciones. Estas repeticiones permiten crear un “programa”, o lo que es lo mismo, automatizar conductas o, si le gusta más, crear hábitos.  De este modo fué que usted aprendió a conducir, a ir en bicicleta, a reconocer las letras y los números, a tender la cama o realizar un balance, entre las miles acciones que realiza a lo largo del día.

Por la misma razón, es de gran ayuda (y sigue el mismo proceso para nuestro cerebro) actuar “como si”. Por ejemplo, si un día estamos deprimidos, o tristes, el actuar “como si” nos sintiéramos bien, felicies y contentos servirá para que nuestro cerebro ejecute las acciones tendientes a encontrar ese estado. Hay refranes antiguos que lo confirman: “al mal tiempo buena cara” o “una sonrisa cambia el día”. Esto no es otra cosa que lo que hacemos algunas mujeres cuando no nos sentimos bien: nos páramos frente al espejo, nos maquillamos y mágicamente, entre comillas, nos cambia la cara y el cambio de cara nos cambia el día. Digo entre comillas, porque entre que entramos al toilete a maquillarnos y salimos, nada ha cambiado, no recibimos una llamada telefónica, ni una visita, ni una carta, nada proveniente del exterior. ¿Entonces qué cambió? cambiaron nuestros pensamientos, cambió la forma en que nos vimos y esto cambió la forma en que nos sentimos.

El poder está en nosotros, se aloja en nuestro cerebro, muchas veces al día nos da la llave que nos facilita los cambios, pero nosotros la usamos, y luego la tiramos. No nos detenemos a pensar que el hecho de ir al espejo y pintamos los labios es el CÓMO cambiar nuestro estado de ánimo, o hacer gimnasia, o ver vidrieras, o  comprarnos una chuchería para el mismo fin. Nuestra mente nos está enseñando en secreto del bienestar. Nosotros miramos para otro lado en este mundo vertiginoso que nos distrae mostrándonos segundo a segundo espejitos de colores.

Entonces, amigos, ¿Qué estamos esperando para aprender a usar nuestro cerebro para ser más listos, más felices, más equilibrados, más seguros? Vivamos como si ya hubiéramos logrado nuestros propósitos. Probemos, ¿Qué hay para perder?

 

LOS ATAQUES DE PÁNICO, toda una historia.

El DSM-IV describe al Ataque de Pánico como una crisis de angustia que se caracteriza por la aparición súbita de síntomas de aprensión, miedo pavoroso o terror, acompañado habitualmente de sensación de muerte inminente.

 

Durante estas crisis también aparecen síntomas físicos como falta de aliento, palpitaciones, opresión o malestar en el tórax, sensación de atragantamiento o asfixia y miedo a “volverse loco” o perder el control.

La sensación que sobreviene es tan intensa que desborda la psiquis de la persona, produciéndole un altísimo nivel de estrés en el que ya es imposible pensar racionalmente. Aunque dura entre 10 y 20 minutos, parece que fueran horas. Luego de varias crisis, las personas pierden la confianza en sus capacidades y comienzan a depender de terceros, ya no se atreven a estar solos y cuando salen lo hacen acompañados. Se crea un círculo vicioso del que ya no pueden salir por sí mismos.

Las personas que colaboran con ellos en una demostración de amor familiar, no colaboran en realidad con el proceso de cura, como ellos podrían creer, sino que actúan como reforzadores de los síntomas. Mientras más colaboración tenga la persona, menos confía en si mismo y más temor de quedar sola tiene. No quiere decir que se la deba abandonar, sino que deben colaborar con ella apoyándola en la busqueda de ayuda profesional y haciendo de soporte en la utilización de las técnicas que el psicólogo le indique.

La ´persona que ha sufrido un ataque de pánico, comienza entonces a tener miedo a que le de un nuevo ataque (miedo anticipatorio) que fortalece el circuito neuronal , aumentando la dependencia. Graba y vuelve a grabar con cada acontecimiento en el cerebro, el mismo circuito nervioso, la misma respuesta: el miedo y la dependencia.

No se conoce muy bien como surgen los ataques de pánico, posiblemente su origen esté en un shock adrenalínico (surgido como consecuencia de una falsa alarma percibida, o por un constante estrés), y causante de los síntomas antes mencionados. El organismo está en alerta ante un ataque inminente…  que no llega porque el mensajero se equivocó.

Todos los pacientes con los que he trabajado, han realizado los estudios clínicos de rigor tras pasar por varios consultorios de distintas especialidades médicas, buscando una respuesta a los síntomas físicos en la enfermedad de un órgano, generalmente el corazón.

Después de varias crisis, mucho dinero gastado y casi sin esperanzas llega a la consulta  derivado por algún médico ya sea porque conoce la influencia del aspecto psicológico en el tema, ya sea porque se le agotaron los recursos.

Cuando el paciente llega, lo hace con una gran ambivalencia, por un lado la sensación de que si los médicos no pudieron, poca esperanza queda; y por otro, el secreto deseo de que esta sea la vencida, que alguien le diga lo que realmente tiene, que no está perdiendo la cordura (sensación que se acrecienta con cada resultado negativo de los estudios que le realizaron), además es la última posibilidad que le queda.

Por su parte el psicólogo debe determinar si el paciente cuenta con la suficiente fuerza interna (llamada motivación) para ejecutar, ante la aparición de los síntomas, las técnicas por él indicadas o, si por el contrario pertenece a las personas cuyas creencias lo llevan a buscar la solución de sus problemas en “agentes” externos a él: las “salvadoras” pastillas o a las eternas charlas con amigos o a la corrida de una consulta médica tras otra.

Para los afortunados del primer grupo, la PNL cuenta con técnicas maravillosas basadas en el principio del funcionamiento cerebral, es decir, sabemos que el camino de nuestros sentidos al núcleo amigdalino (centro de las emociones) funciona como una autopista, es muuuuy rápido por eso la aparición de los síntomas en tropel, mientras que el camino de los sentidos a la corteza cerebral (centro del pensamiento racional) funciona como un camino sinuoso de montaña en tiempo de lluvia, es muuuuuy lento. Las técnicas de la PNL permiten ampliar estos caminos secundarios, de forma tal que se agilice el tránsito a la corteza cerebral, a fin de que utilicemos el hemisferio izquierdo para abortar el proceso ansioso iniciado.

Para los menos afortunados del segundo grupo, llevada la angustia o ansiedad a niveles tolerables por medio de la medicación, el trabajo con las técnicas de la programación neuro-lingüística acelera el reconocimiento del proceso del ataque de pánico, lo que permite cortarlo apenas inicia.

¿En qué consisten las técnicas?

Están basadas en el funcionamiento del cerebro. El primer paso es identificar la estrategia que utiliza la persona para llegar a los síntomas y luego modificarla obteniendo así resultados distintos a los acostumbrados. De esta forma estaremos grabando un nuevo recorrido en el cerebro (sobre el recorrido anterior que nos llevaba al ataque de pánico) generando un nuevo camino: el del bienestar. Basta usar esta estrategia en pocas oportunidades para librarse al fin del temido ataque. Esta es una muestra de las maravillas que la PNL puede hacer para mejorar la calidad de vida de las personas.

Bibliografía: Modelar tu mente- Ian Robertson; Estados de Ánimo- Roberta Conlan; La magia en acción- Richard Bandler