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LA SOLEDAD

1973-B1«Y de pronto me sentí sola, de toda soledad, de la más absoluta soledad, dijo Marcela con un profunda angustia…»

Y como tu angustia me dolió Marcela, como tu terapeuta quiero pedirte que cierres tu mente por unos instantes a tus pensamientos actuales, a tu autocompasión y abras tu mente a mis palabras, las leas cuidadosamente y pienses en ellas relacionándolas con cada uno de los instantes significativos de tu vida.

Marcela comprender que estás sola es el primer paso para construir una sólida autoestima y plena libertad,  ya que estarás…

Sola  para cuidarte porque no dependerás de otros para estar bien.

Sola para tomar decisiones en tu vida porque sólo tú sabes los aspectos que evaluarás para hacerlo, sabiendo lo que estará en juego, confiando en tus posibilidades de realizarlo y asumir sus consecuencias.

Sola para decidir que no quieres ser juzgada como persona a través de una de tus acciones porque eres más que un instante de tu vida.

Sola para comprenderte, sin sentir la necesidad de ser comprendida por cualquier otro.

Sola para conocerte,  sin pedir a los demás opiniones sobre tu persona, porque ellos pondrán en ti actitudes o rasgos que provienen de sus propios mapas, de sus necesidades o deseos y que podrían no corresponderte.

Sola para amarte sin pedir a los demás que lo hagan, porque si necesitas pedirlo de cualquier modo, no te amarán por lo que eres sino por lo que puedas dar a cambio.

Sola para respetar tus necesidades sin esperar a que otro lo haga, porque podrías esperar toda tu vida sumida en el dolor y la desilusión.

Sola para conocer,  enfrentar y vencer tus miedos desde tus fortalezas, sin buscar a alguien que te proteja de ellos.

La soledad es una aliada Marcela porque ella es una oportunidad para transformarte en una mujer mejor, más completa y más segura de ti misma  para que en compañía puedas mostrarte tal cual eres: autosuficiente, auténtica y finalmente libre.

¿Qué hacer ante un ATAQUE DE PÁNICO?

De pronto y sin aviso, el corazón comienza a latir más fuerte, el aire tiene dificultad para entrar en los pulmones, las piernas amenazan con no sostener el cuerpo, las manos tiemblan y una sensación de desvanecimiento o de muerte inminente se apodera de todos los sentidos.

Así comienza un ataque de pánico. Son sensaciones reconocidas por los que los sufren. Pero lo más aterrador no es ataque en sí (para los que ya lo pasaron), sino el miedo de volverlo a sufrir.

Entonces ¿qué hacer ante un ataque de pánico?

EL PRIMER PASO es identificar los dos componentes del ataque: los síntomas y nuestra respuesta a ellos. El primero es muy fácil de identificar ya que toma presencia urgente en el cuerpo. El segundo, que reconocerán ahora que se los mencione, son los pensamientos: ¿Dios, que me está pasando?, no puedo respirar!! Tengo que salir de acá!!! Me voy a morir!!!! ¿Me estaré volviendo loca/o? ……….y todos los que le hayan pasado por la cabeza en esos veinte o treinta minutos.

EL SEGUNDO PASO es tomar el timón. NADIE ha muerto jamás de un ataque de pánico provocado por la ansiedad. El que ya lo ha pasado, a alguien se lo ha contado, así que sigue vivo. Tomar el timón significa reconocer lo que viene y tomar medidas para que no suceda. ¿Cómo hacer eso? Ante todo hay que buscar asiento. Una vez encontrado, hay que hacerse cargo conscientemente de la respiración, antes que el anhídrido carbónico le nuble la mente (por falta de oxígeno en el cerebro) y le produzca un desmayo. Para ello, comience soltando el aire como si soplara un globo e inspire LENTAMENTE mientras cuenta hasta seis (no suba los hombros, hinche el abdomen), sostenga el aire contando hasta tres y expulse suavemente el aire mientras vuelve a contar hasta seis. Repita esta operación unas seis o siete veces y habrá vencido al ataque de pánico.

¿Qué ha pasado? Es sencillo, cuando uno está preso de un ataque de pánico, respira sólo superficialmente, el aire no llena los pulmones, motivo por el cual las arterias no pueden llevar oxígeno a todo su cuerpo lo que ocasiona un envenenamiento por anhídrido carbónico, que provoca el temblor muscular y la sensación de desmayo o muerte. Recuerde que el corazón es un músculo y latirá más fuerte para acelerar el transporte de la sangre oxigenada (que hay poca por la mala respiración) a todo el organismo. A medida que avanza el envenenamiento por anhídrido carbónico el organismo colapsa (la persona se desvanece), con lo que no puede pensar y el sistema nervioso autónomo toma el timón y restaura el funcionamiento normal de todo el organismo. Con el control de la respiración, es la persona la que corta el proceso por lo que  el organismo no necesita colapsar y los ataques serán cada vez más espaciados y más cortos.

Ahora tiene usted dos opciones: o se medica durante años o asume que lo que le pasa no es una enfermedad sino un síntoma de ansiedad y acude a un psicólogo, preferentemente cognitivo conductual que practique la psicoterapia breve, para que le enseñe a desembarazarse en poco tiempo de este grave problema que lo está acompañando.

¿Qué elige???????

ANOREXIA NERVIOSA “Los genes cargan el arma, pero el ambiente aprieta el gatillo” Dr. Kaye

Cuando leí esta frase se produjo en mí lo que en psicoanálisis se llama “insigth” que no es más que la fuerte sensación que sentimos cuando de pronto comprendemos algo. Las frases salteadas que escuché de una paciente, de pronto, cobraron sentido y forma. Y quiero compartirlo con las personas que sufren en sí mismas la anorexia o tiene algún familiar cercano con esta dolencia.

Las frases son: “me cuesta mucho recuperar mi peso y más aún mantenerlo ya que en cuanto llego a él, me agarra una gastroenteritis que me vuelve a poner bajo peso”, “mi padre es de buen comer, pero luego se mata haciendo gimnasia”, “mi madre cena un yogurt y una fruta desde que tengo memoria”, «mis padres son obsesivos, se enojan si no como todo lo que me sirven», «parece que todo lo que importa es si como y cuanto, no como me siento o como me va en la facu».

“No se conocen las causas exactas de la anorexia nerviosa dice Medline Plus, un servicio de biblioteca médica y agrega: Muchos factores probablemente estén involucrados. Los genes y las hormonas pueden jugar un papel. Las actitudes sociales que promueven tipos de cuerpos muy delgados también pueden contribuir”.

Celia, mi paciente, puede haber tenido genéticamente predisposición “los genes cargan el arma” pero las actitudes paternas bendicen el cuidar el peso y la figura con sus propias actitudes, todo  agravado si tenemos en cuenta que esta disfunción aparece en la adolescencia (periodo de adolecer, de falta de recursos (seguridad) que los mayores ya adquirieron) y en el que comienzan a buscar su propia identidad observando a su grupo social, ametrallados por la publicidad de cuerpos femeninos masculinizados, sin formas de mujer como modelos a seguir, entonces…. “ya se apretó el gatillo” y la adolescente entró de lleno en la anorexia como estrategia de doble identificación: primero con sus padres y luego con su grupo, sin saber que está en un juego peligroso  que puede llevarla a la muerte.

Todos hemos sido padres imperfectos. No sirven las experiencias de nuestros mayores, tenemos que comenzar de nuevo con la crianza de nuestro propio hijo. Aprendemos a ser padres mientras ellos aprenden a ser hijos. Y nos equivocamos SIEMPRE, unos más que otros. Los padres de Clara tienen la oportunidad de revisar sus prioridades y su forma de enfrentarse a la comida y a la imagen, revisión que ayudará a Clara a mirar de otra manera el acto de comer, hasta quizá de encontrar placer en la comida, lo que le dará la oportunidad de volver a sentir hambre y seguramente, arropada por padres que no sobrevaloran la figura, aprenda ella a relajarse pensando y sintiendo que es más que un número en la balanza…. Mucho más.

Los padres de Clara no acudieron a la cita que les solicité. Hoy Clara está internada…..Ojalá mañana no llueva.

Autoestima

Es una palabra muy usada en los tiempos que corren, diríamos que está de moda. Pero también nos sirve como Papelera de Reciclaje, todos los males habidos y por haber pasan por la autoestima. ¿Será así?

 

Veamos. Hay una definición que me gusta mucho desde que la leí. Dice que la autoestima es inversamente proporcional a la distancia que hay entre lo que soy y lo que me gustaría ser. Es decir que a mayor distancia entre lo que yo soy (o al menos creo que soy) y lo que “de alma” me gustaría ser, menor será la estima que me tenga.

 

Bien, esto como palabrería suena muy bien para mí y para alguno de ustedes también, pero……¿será que todos nos hemos puesto a pensar en como somos o nos gustaría ser? O nos es más fácil pensar en cómo no somos?

 

Y en el caso de haberlo hecho, tal vez nos dijimos yo soy tímida/o y cerramos la puerta a más búsqueda como por ejemplo, soy expresiva, afectiva, comunicativa,…….etc. Es fácil que una vez que encontramos una piedra en el camino la utilizamos de lápida (cuántas veces nos escuchamos decir o pensar – y bueno, yo soy así.)

 

La autoestima comienza por conocernos lo más profundamente que podamos, implica saber quién soy, qué soy, cuales son mis ilusiones, mis sueños, donde estoy parado aquí y ahora en mi vida, como me comunico, cuales son mis defectos y cuánto quiero trabajar en ellos para cambiarlos, que me hace feliz, qué me pone triste, qué me deprime, cómo hago para salir de mi depresión, qué me pone ansioso, cómo me comporto estando ansioso, cómo controlo mi ansiedad, si pienso en lo que quiero o en lo que me viene a la mente…es decir saber si soy yo quién conduce el timón de mi vida o si tengo las velas desplegadas para que el viento me lleve hacia donde él sople.

 

El primer paso para saber quien soy comienza justo en este punto. En una búsqueda que me llevará a lo más profundo de mi intimidad, donde tengo guardadas todas las respuestas. El camino a la autoestima comienza por atreverse a mirarse, sentirse, escucharse y marcar el camino hacia la persona que queremos ser.

 

 

Temor a los examenes

El temor a los exámenes es un miedo que afecta a un alto porcentaje de alumnos y su padecimiento tiene consecuencias que van desde comerse las uñas hasta abandonar una carrera por no poderlo superar.

Quién lo sufre lo identifica sin lugar a dudas. Es esa ansiedad incontenible que se manifiesta con una gran alteración nerviosa que puede traer, dolores de estómago, diarreas, taquicardia,  insomnio, sudoración, sensación de mente en blanco y terror que va aumentando a medida que la fecha se acerca.

Históricamente puede haberse iniciado luego de fracasar algunas veces (ya sea en exámenes, ya sea en exposiciones orales, ya sea por excesiva timidez) situación que confirmó los temores más profundos: “no sirvo para esto”, “nunca más voy a poder aprobar un examen”, “nunca voy a poder exponer oralmente mi tema”, “siempre me va a pasar lo mismo”, “mejor dejo la facu”, etc., etc., todos los etcétera que se le ocurran.

No podemos hablar de este paralizante temor sin mencionar el estrés. Toda situación de evaluación implica estrés, ya se trate de selección laboral, rendir un examen o exponer un proyecto o hacer una presentación.

Pero… qué es el estrés?

La palabra estrés se deriva del griego STRINGERE, que significa provocar tensión. Según  la física y la ingeniería el término describe la fuerza que se aplica a un material y el daño o la deformación resultante.

La psicología toma el concepto y lo aplica al ser humano definiéndo estres como: una sensación de tensión física o emocional. Reformulando la aplicación de la física, nos encontramos que para la psicología el estrés es la sensación que percibe un ser humano como respuesta a situaciones vitales que demandan o producen energía fuera de lo común.

Para que haya estrés se necesita “un cuerpo” o persona a la que se le aplica una fuerza fuera de lo común (situación de examen, ocurre pocas veces al año durante cinco o seis años) que genera en el cuerpo una tensión (ansiedad). Los dos primeros elementos interactúan de tal manera que la intensidad de la fuerza aplicada no obtendrá  siempre la misma respuesta ya que ésta depende del cuerpo (persona) al que se le aplique.

Richard Lazarus (1966), notable psicólogo norteamericano sostiene que “el estrés es un estado de ansiedad producido cuando los acontecimientos o responsabilidades exceden las habilidades percibidas”. También decía que es «el resultado de la relación entre el individuo y el entorno, evaluado por aquél como amenazante, que desborda sus recursos conocidos y pone en peligro su bienestar».

Entonces tenemos: la persona, el estímulo no regular y la sensación física o emocional que el mismo produce.

Vamos a analizar los tres elementos:

–       la persona: sabemos por experiencia de vida que no todas las personas actúan de la misma manera ante determinada circunstancia. En nuestro caso, son variadas las respuestas ante una situación de examen, entre ellas están los que se sienten seguros y atraviesan el acontecimiento con solvencia, los que sienten temor y se ponen nerviosos pero no se bloquean, otros que se descomponen días previos al examen y terminan no asistiendo.

–       El estímulo: en este caso es el examen en sí.

–       La sensación física o emocional consecuente: (dependiente del primer elemento) que pueden ser muy diversas y todas ellas de variada intensidad, por ejemplo: aumenta la frecuencia cardíaca, el ritmo respiratorio, acidez estomacal, cefaleas, tensión muscular, temblores, tartamudeo, etc.

De los tres elementos, el primero y el último están íntimamente relacionados, ya que no puede existir el uno sin el otro.

Ahora bien ¿Qué conecta el examen con la intensidad de la ansiedad generada? EL PENSAMIENTO. Lo que el alumno piense sobre el examen y su capacidad de afrontarlo será el combustible generador de una ansiedad que lo ayude a superarlo o de una ansiedad que lo boquee hasta llevarlo a abandonar una deseada carrera.

Manejar el pensamiento es posible y saludable.

LA ANSIEDAD, compañía inherente a las crisis

Independiente de la situación económica, instrucción, religión u opiniones políticas, seamos amas de casa, dependientes, obreros,  periodistas o doctores, en situaciones de crisis, todos sufrimos en mayor o menor medida ansiedad.

Si bien la ansiedad (en cualquiera de sus variantes) en situaciones normales siempre está presente, debajo de cierto umbral es imperceptible y necesaria para la vida, no da síntomas que llamen nuestra atención.  Superado ese umbral y de acuerdo a la intensidad que alcance y las respuestas (conductas aprendidas en nuestra infancia y repetidas a lo largo de nuestra vida) podremos desarrollar “patologías” (para que quede claro: conductas ineficaces que en su momento fueron efectivas y ahora no nos ayudan a sobrellevar el problema actual).

Dentro de esas “patologías” nos  encontraremos con personas que están permanentemente preocupadas  por su trabajo, salud, economía, estudios, familia, etc., que se sienten aceleradas todo el tiempo y tienen lo que se llama en la jerga psicológica “trastorno de ansiedad generalizada”; con personas que se sienten tristes y sin fuerzas para salir avante denominado “depresión”;  personas que sufren los aterradores “ataques de pánico” que las limitan y las obligan a vivir temerosas de un nuevo ataque y que necesitan compañía permanente. Están las personas que la ansiedad vuelve obsesivos o controladores, que necesitan verificar su entorno y acciones no una sino cien veces o las personas que ante una leve sensación en su cuerpo comienzan a temer enfermedades catastróficas y son los “hipocondríacos”.

Pero no hay que asustarse, son sólo definiciones que – dice David Burns – “ayudan a los profesionales a pensar con mayor precisión acerca de los problemas de sus pacientes ya que les aportan indicaciones acerca de cuáles son los tratamientos más eficaces”. Por ejemplo las técnicas que yo usaría para tratar un ataque de pánico serán muy diferentes de las que usaría para tratar una depresión o timidez.

Si bien muchas son los tipos de ansiedades, las nombradas se presentan en situaciones de crisis como la que estamos atravesando en nuestro país en este momento. De las otras iré hablando en próximos artículos.

¿Qué hacer si me identifico con algunas de estas patologías?

La ansiedad se anuncia con síntomas físicos (cambio de ritmo cardíaco, falta de aire, problemas digestivos, etc.) si Ud. se da cuenta que son debidos a la ansiedad, acuda a un psicólogo, preferentemente cognitivo (ya que darán soluciones en menor tiempo). Si no reconoce su estado de ansiedad, acuda al médico para descartar problemas físicos y cuando éste le prescriba algún medicamento ya sea ansiolítico, tranquilizante o antidepresivo, acuda al psicólogo. La medicación actúa como los antifebriles, alivia el síntoma pero no cura. Solamente identificar los pensamientos y acciones que generan el estado de ansiedad y modificarlos asegura la cura.

Autosabotaje o Autoboicot

Una buena definición de autosabotaje es que es un acto tendiente a obstaculizar un logro a través de manipulaciones inconscientes dirigidas hacia uno mismo.

¿Cómo podemos saber si nos estamos autosaboteando?  Es sencillo, cuando nos proponemos algo, siempre se presenta una situación (externa o interna) que nos impide lograrlo.

  1. “Me encantaría trabajar en mi profesión, pero sé si dejar este trabajo seguro”.
  2. “Me gustaría poner este negocio, aunque ayer me hablaron de una oportunidad imperdible, no sé qué hacer”.
  3. “A mí me gustaría mudarme, pero no sé si  dejar solos a mis padres”.
  4. “Me gustaría terminar esta relación, pero no quiero perder a nuestros amigos”.
  5. “Cocinar me gusta mucho pero no sé si dejarlos por mi otra pasión: la música”

 

  1.    “Hacía tiempo que quería ir a ver esa película. Media hora antes de salir hacia el cine, se presentaron en casa unos amigos y no me animé  a decirles que lo dejáramos para otra oportunidad”.
  2.  “Estaba preparando para rendir esa materia, pero me olvidé de poner el despertador y llegué tarde”.
  3.   “Había dejado el cigarrillo hacía tres meses, pero ante el miedo al despido, lo volví a tomar”.
  4.   “Justo hoy que había decidido salir a buscar trabajo, me di cuenta que me faltaban las fotos para el currículo”.
  5.   “Ayer empecé la dieta, pero me estás tentando con esta torta ,no importa, la  volveré a iniciar el lunes”.

 

Existen dos tipos de autosabotaje: de inacción por la  duda y de acciones que llevan al sitio opuesto del conscientemente deseado.

En el primer tipo de oraciones,  todas las intenciones naufragan ante la duda, que no es más que el equilibrio ante dos posiciones opuestas de similar valor para la persona, lo que le impide tomar una decisión que cierre el camino del deseo convirtiéndolo en realidad. Este tipo de autosabotaje se caracteriza por un abundante diálogo con uno mismo, pensamientos que  evalúan la conveniencia de actuar o de no hacerlo que permanecen en la mente de la persona hasta que otra situación similar asume su interés en la conciencia. La duda es la punta del iceberg, lo que hay debajo, lo que no se ve,  son dos deseos en conflicto. Cuando logramos asumir una posición y mantenerla con seguridad, la duda desaparece.

El segundo tipo de oraciones se caracteriza por acciones distractoras encargadas de desviar la atención sobre el objetivo propuesto y de esta forma evitar el acto que le llevaría al logro del objetivo. Una parte de la persona tiene un objetivo y trabaja para lograrlo, pero otra parte tiene una necesidad de igual intensidad y es ésta parte la que se manifiesta con acciones contrarias a los intereses de la primera.

Así como en el primer tipo se caracteriza por la duda inmovilizante, el segundo se caracteriza por acciones distractoras, ambos están guiados por el miedo a enfrentar los cambios por venir tras alcanzar lo propuesto.

Y esta es la cuestión: los cambios y su implicancia. El ser humano teme a los cambios, necesita la certeza de que lo que hay en su vida, permanece estable, ya lo dice el viejo refrán “más vale malo conocido por bueno por conocer”. El miedo a lo desconocido rige la vida de la mayoría de los seres humanos (pensemos en el temor que sentimos cuando tenemos que caminar por una calle oscura).

Tanto uno como el otro mecanismo se alimentan del conflicto, que se ocupa de gastar las energías mentales de la persona alejándola de lo que tanto ansía: paz mental, equilibrio emocional.

¿Cómo sabremos cuando no nos estamos boicoteando? Sencillamente porque nos propondremos un objetivo y llegaremos a él sin costos emocionales en el camino, con seguridad y equilibrio.

Engañanado al cerebro

¿Sabías que podemos cambiar nuestro estado de ánimo a voluntad engañando al cerebro ? ¿Sabías que podemos realizar acciones que nos atemorizan, como por ejemplo rendir exámenes engañando al cerebro? Si, como lo lees. Engañando al cerebro.


Está comprobado que nuestro cerebro no distingue entre una situación pensada y una situación realizada, por lo tanto, el poder de las visualizaciones aplicadas en las técnicas de programación neuro lingüística, cumplen la función de  «hacerle creer” a nuestro cerebro que en su experiencia, realizó las acciones deseadas.

Sabemos, gracias a los aportes realizados por el psicólogo Albert Bandura, que el cerebro aprende en base a repeticiones de acciones. Estas repeticiones permiten crear un «programa», o lo que es lo mismo, automatizar conductas o, si le gusta más, crear hábitos.  De este modo fué que usted aprendió a conducir, a ir en bicicleta, a reconocer las letras y los números, a tender la cama o realizar un balance, entre las miles acciones que realiza a lo largo del día.

Por la misma razón, es de gran ayuda (y sigue el mismo proceso para nuestro cerebro) actuar “como si”. Por ejemplo, si un día estamos deprimidos, o tristes, el actuar «como si» nos sintiéramos bien, felicies y contentos servirá para que nuestro cerebro ejecute las acciones tendientes a encontrar ese estado. Hay refranes antiguos que lo confirman: “al mal tiempo buena cara” o “una sonrisa cambia el día”. Esto no es otra cosa que lo que hacemos algunas mujeres cuando no nos sentimos bien: nos páramos frente al espejo, nos maquillamos y mágicamente, entre comillas, nos cambia la cara y el cambio de cara nos cambia el día. Digo entre comillas, porque entre que entramos al toilete a maquillarnos y salimos, nada ha cambiado, no recibimos una llamada telefónica, ni una visita, ni una carta, nada proveniente del exterior. ¿Entonces qué cambió? cambiaron nuestros pensamientos, cambió la forma en que nos vimos y esto cambió la forma en que nos sentimos.

El poder está en nosotros, se aloja en nuestro cerebro, muchas veces al día nos da la llave que nos facilita los cambios, pero nosotros la usamos, y luego la tiramos. No nos detenemos a pensar que el hecho de ir al espejo y pintamos los labios es el CÓMO cambiar nuestro estado de ánimo, o hacer gimnasia, o ver vidrieras, o  comprarnos una chuchería para el mismo fin. Nuestra mente nos está enseñando en secreto del bienestar. Nosotros miramos para otro lado en este mundo vertiginoso que nos distrae mostrándonos segundo a segundo espejitos de colores.

Entonces, amigos, ¿Qué estamos esperando para aprender a usar nuestro cerebro para ser más listos, más felices, más equilibrados, más seguros? Vivamos como si ya hubiéramos logrado nuestros propósitos. Probemos, ¿Qué hay para perder?