LOS ATAQUES DE PÁNICO, toda una historia.

El DSM-IV describe al Ataque de Pánico como una crisis de angustia que se caracteriza por la aparición súbita de síntomas de aprensión, miedo pavoroso o terror, acompañado habitualmente de sensación de muerte inminente.

 

Durante estas crisis también aparecen síntomas físicos como falta de aliento, palpitaciones, opresión o malestar en el tórax, sensación de atragantamiento o asfixia y miedo a “volverse loco” o perder el control.

La sensación que sobreviene es tan intensa que desborda la psiquis de la persona, produciéndole un altísimo nivel de estrés en el que ya es imposible pensar racionalmente. Aunque dura entre 10 y 20 minutos, parece que fueran horas. Luego de varias crisis, las personas pierden la confianza en sus capacidades y comienzan a depender de terceros, ya no se atreven a estar solos y cuando salen lo hacen acompañados. Se crea un círculo vicioso del que ya no pueden salir por sí mismos.

Las personas que colaboran con ellos en una demostración de amor familiar, no colaboran en realidad con el proceso de cura, como ellos podrían creer, sino que actúan como reforzadores de los síntomas. Mientras más colaboración tenga la persona, menos confía en si mismo y más temor de quedar sola tiene. No quiere decir que se la deba abandonar, sino que deben colaborar con ella apoyándola en la busqueda de ayuda profesional y haciendo de soporte en la utilización de las técnicas que el psicólogo le indique.

La ´persona que ha sufrido un ataque de pánico, comienza entonces a tener miedo a que le de un nuevo ataque (miedo anticipatorio) que fortalece el circuito neuronal , aumentando la dependencia. Graba y vuelve a grabar con cada acontecimiento en el cerebro, el mismo circuito nervioso, la misma respuesta: el miedo y la dependencia.

No se conoce muy bien como surgen los ataques de pánico, posiblemente su origen esté en un shock adrenalínico (surgido como consecuencia de una falsa alarma percibida, o por un constante estrés), y causante de los síntomas antes mencionados. El organismo está en alerta ante un ataque inminente…  que no llega porque el mensajero se equivocó.

Todos los pacientes con los que he trabajado, han realizado los estudios clínicos de rigor tras pasar por varios consultorios de distintas especialidades médicas, buscando una respuesta a los síntomas físicos en la enfermedad de un órgano, generalmente el corazón.

Después de varias crisis, mucho dinero gastado y casi sin esperanzas llega a la consulta  derivado por algún médico ya sea porque conoce la influencia del aspecto psicológico en el tema, ya sea porque se le agotaron los recursos.

Cuando el paciente llega, lo hace con una gran ambivalencia, por un lado la sensación de que si los médicos no pudieron, poca esperanza queda; y por otro, el secreto deseo de que esta sea la vencida, que alguien le diga lo que realmente tiene, que no está perdiendo la cordura (sensación que se acrecienta con cada resultado negativo de los estudios que le realizaron), además es la última posibilidad que le queda.

Por su parte el psicólogo debe determinar si el paciente cuenta con la suficiente fuerza interna (llamada motivación) para ejecutar, ante la aparición de los síntomas, las técnicas por él indicadas o, si por el contrario pertenece a las personas cuyas creencias lo llevan a buscar la solución de sus problemas en “agentes” externos a él: las “salvadoras” pastillas o a las eternas charlas con amigos o a la corrida de una consulta médica tras otra.

Para los afortunados del primer grupo, la PNL cuenta con técnicas maravillosas basadas en el principio del funcionamiento cerebral, es decir, sabemos que el camino de nuestros sentidos al núcleo amigdalino (centro de las emociones) funciona como una autopista, es muuuuy rápido por eso la aparición de los síntomas en tropel, mientras que el camino de los sentidos a la corteza cerebral (centro del pensamiento racional) funciona como un camino sinuoso de montaña en tiempo de lluvia, es muuuuuy lento. Las técnicas de la PNL permiten ampliar estos caminos secundarios, de forma tal que se agilice el tránsito a la corteza cerebral, a fin de que utilicemos el hemisferio izquierdo para abortar el proceso ansioso iniciado.

Para los menos afortunados del segundo grupo, llevada la angustia o ansiedad a niveles tolerables por medio de la medicación, el trabajo con las técnicas de la programación neuro-lingüística acelera el reconocimiento del proceso del ataque de pánico, lo que permite cortarlo apenas inicia.

¿En qué consisten las técnicas?

Están basadas en el funcionamiento del cerebro. El primer paso es identificar la estrategia que utiliza la persona para llegar a los síntomas y luego modificarla obteniendo así resultados distintos a los acostumbrados. De esta forma estaremos grabando un nuevo recorrido en el cerebro (sobre el recorrido anterior que nos llevaba al ataque de pánico) generando un nuevo camino: el del bienestar. Basta usar esta estrategia en pocas oportunidades para librarse al fin del temido ataque. Esta es una muestra de las maravillas que la PNL puede hacer para mejorar la calidad de vida de las personas.

Bibliografía: Modelar tu mente- Ian Robertson; Estados de Ánimo- Roberta Conlan; La magia en acción- Richard Bandler

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