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LA ANSIEDAD, compañía inherente a las crisis

Independiente de la situación económica, instrucción, religión u opiniones políticas, seamos amas de casa, dependientes, obreros,  periodistas o doctores, en situaciones de crisis, todos sufrimos en mayor o menor medida ansiedad.

Si bien la ansiedad (en cualquiera de sus variantes) en situaciones normales siempre está presente, debajo de cierto umbral es imperceptible y necesaria para la vida, no da síntomas que llamen nuestra atención.  Superado ese umbral y de acuerdo a la intensidad que alcance y las respuestas (conductas aprendidas en nuestra infancia y repetidas a lo largo de nuestra vida) podremos desarrollar “patologías” (para que quede claro: conductas ineficaces que en su momento fueron efectivas y ahora no nos ayudan a sobrellevar el problema actual).

Dentro de esas “patologías” nos  encontraremos con personas que están permanentemente preocupadas  por su trabajo, salud, economía, estudios, familia, etc., que se sienten aceleradas todo el tiempo y tienen lo que se llama en la jerga psicológica “trastorno de ansiedad generalizada”; con personas que se sienten tristes y sin fuerzas para salir avante denominado “depresión”;  personas que sufren los aterradores “ataques de pánico” que las limitan y las obligan a vivir temerosas de un nuevo ataque y que necesitan compañía permanente. Están las personas que la ansiedad vuelve obsesivos o controladores, que necesitan verificar su entorno y acciones no una sino cien veces o las personas que ante una leve sensación en su cuerpo comienzan a temer enfermedades catastróficas y son los “hipocondríacos”.

Pero no hay que asustarse, son sólo definiciones que – dice David Burns – “ayudan a los profesionales a pensar con mayor precisión acerca de los problemas de sus pacientes ya que les aportan indicaciones acerca de cuáles son los tratamientos más eficaces”. Por ejemplo las técnicas que yo usaría para tratar un ataque de pánico serán muy diferentes de las que usaría para tratar una depresión o timidez.

Si bien muchas son los tipos de ansiedades, las nombradas se presentan en situaciones de crisis como la que estamos atravesando en nuestro país en este momento. De las otras iré hablando en próximos artículos.

¿Qué hacer si me identifico con algunas de estas patologías?

La ansiedad se anuncia con síntomas físicos (cambio de ritmo cardíaco, falta de aire, problemas digestivos, etc.) si Ud. se da cuenta que son debidos a la ansiedad, acuda a un psicólogo, preferentemente cognitivo (ya que darán soluciones en menor tiempo). Si no reconoce su estado de ansiedad, acuda al médico para descartar problemas físicos y cuando éste le prescriba algún medicamento ya sea ansiolítico, tranquilizante o antidepresivo, acuda al psicólogo. La medicación actúa como los antifebriles, alivia el síntoma pero no cura. Solamente identificar los pensamientos y acciones que generan el estado de ansiedad y modificarlos asegura la cura.

Autosabotaje o Autoboicot

Una buena definición de autosabotaje es que es un acto tendiente a obstaculizar un logro a través de manipulaciones inconscientes dirigidas hacia uno mismo.

¿Cómo podemos saber si nos estamos autosaboteando?  Es sencillo, cuando nos proponemos algo, siempre se presenta una situación (externa o interna) que nos impide lograrlo.

  1. “Me encantaría trabajar en mi profesión, pero sé si dejar este trabajo seguro”.
  2. “Me gustaría poner este negocio, aunque ayer me hablaron de una oportunidad imperdible, no sé qué hacer”.
  3. “A mí me gustaría mudarme, pero no sé si  dejar solos a mis padres”.
  4. “Me gustaría terminar esta relación, pero no quiero perder a nuestros amigos”.
  5. “Cocinar me gusta mucho pero no sé si dejarlos por mi otra pasión: la música”

 

  1.    “Hacía tiempo que quería ir a ver esa película. Media hora antes de salir hacia el cine, se presentaron en casa unos amigos y no me animé  a decirles que lo dejáramos para otra oportunidad”.
  2.  “Estaba preparando para rendir esa materia, pero me olvidé de poner el despertador y llegué tarde”.
  3.   “Había dejado el cigarrillo hacía tres meses, pero ante el miedo al despido, lo volví a tomar”.
  4.   “Justo hoy que había decidido salir a buscar trabajo, me di cuenta que me faltaban las fotos para el currículo”.
  5.   “Ayer empecé la dieta, pero me estás tentando con esta torta ,no importa, la  volveré a iniciar el lunes”.

 

Existen dos tipos de autosabotaje: de inacción por la  duda y de acciones que llevan al sitio opuesto del conscientemente deseado.

En el primer tipo de oraciones,  todas las intenciones naufragan ante la duda, que no es más que el equilibrio ante dos posiciones opuestas de similar valor para la persona, lo que le impide tomar una decisión que cierre el camino del deseo convirtiéndolo en realidad. Este tipo de autosabotaje se caracteriza por un abundante diálogo con uno mismo, pensamientos que  evalúan la conveniencia de actuar o de no hacerlo que permanecen en la mente de la persona hasta que otra situación similar asume su interés en la conciencia. La duda es la punta del iceberg, lo que hay debajo, lo que no se ve,  son dos deseos en conflicto. Cuando logramos asumir una posición y mantenerla con seguridad, la duda desaparece.

El segundo tipo de oraciones se caracteriza por acciones distractoras encargadas de desviar la atención sobre el objetivo propuesto y de esta forma evitar el acto que le llevaría al logro del objetivo. Una parte de la persona tiene un objetivo y trabaja para lograrlo, pero otra parte tiene una necesidad de igual intensidad y es ésta parte la que se manifiesta con acciones contrarias a los intereses de la primera.

Así como en el primer tipo se caracteriza por la duda inmovilizante, el segundo se caracteriza por acciones distractoras, ambos están guiados por el miedo a enfrentar los cambios por venir tras alcanzar lo propuesto.

Y esta es la cuestión: los cambios y su implicancia. El ser humano teme a los cambios, necesita la certeza de que lo que hay en su vida, permanece estable, ya lo dice el viejo refrán “más vale malo conocido por bueno por conocer”. El miedo a lo desconocido rige la vida de la mayoría de los seres humanos (pensemos en el temor que sentimos cuando tenemos que caminar por una calle oscura).

Tanto uno como el otro mecanismo se alimentan del conflicto, que se ocupa de gastar las energías mentales de la persona alejándola de lo que tanto ansía: paz mental, equilibrio emocional.

¿Cómo sabremos cuando no nos estamos boicoteando? Sencillamente porque nos propondremos un objetivo y llegaremos a él sin costos emocionales en el camino, con seguridad y equilibrio.

Engañanado al cerebro

¿Sabías que podemos cambiar nuestro estado de ánimo a voluntad engañando al cerebro ? ¿Sabías que podemos realizar acciones que nos atemorizan, como por ejemplo rendir exámenes engañando al cerebro? Si, como lo lees. Engañando al cerebro.


Está comprobado que nuestro cerebro no distingue entre una situación pensada y una situación realizada, por lo tanto, el poder de las visualizaciones aplicadas en las técnicas de programación neuro lingüística, cumplen la función de  “hacerle creer” a nuestro cerebro que en su experiencia, realizó las acciones deseadas.

Sabemos, gracias a los aportes realizados por el psicólogo Albert Bandura, que el cerebro aprende en base a repeticiones de acciones. Estas repeticiones permiten crear un “programa”, o lo que es lo mismo, automatizar conductas o, si le gusta más, crear hábitos.  De este modo fué que usted aprendió a conducir, a ir en bicicleta, a reconocer las letras y los números, a tender la cama o realizar un balance, entre las miles acciones que realiza a lo largo del día.

Por la misma razón, es de gran ayuda (y sigue el mismo proceso para nuestro cerebro) actuar “como si”. Por ejemplo, si un día estamos deprimidos, o tristes, el actuar “como si” nos sintiéramos bien, felicies y contentos servirá para que nuestro cerebro ejecute las acciones tendientes a encontrar ese estado. Hay refranes antiguos que lo confirman: “al mal tiempo buena cara” o “una sonrisa cambia el día”. Esto no es otra cosa que lo que hacemos algunas mujeres cuando no nos sentimos bien: nos páramos frente al espejo, nos maquillamos y mágicamente, entre comillas, nos cambia la cara y el cambio de cara nos cambia el día. Digo entre comillas, porque entre que entramos al toilete a maquillarnos y salimos, nada ha cambiado, no recibimos una llamada telefónica, ni una visita, ni una carta, nada proveniente del exterior. ¿Entonces qué cambió? cambiaron nuestros pensamientos, cambió la forma en que nos vimos y esto cambió la forma en que nos sentimos.

El poder está en nosotros, se aloja en nuestro cerebro, muchas veces al día nos da la llave que nos facilita los cambios, pero nosotros la usamos, y luego la tiramos. No nos detenemos a pensar que el hecho de ir al espejo y pintamos los labios es el CÓMO cambiar nuestro estado de ánimo, o hacer gimnasia, o ver vidrieras, o  comprarnos una chuchería para el mismo fin. Nuestra mente nos está enseñando en secreto del bienestar. Nosotros miramos para otro lado en este mundo vertiginoso que nos distrae mostrándonos segundo a segundo espejitos de colores.

Entonces, amigos, ¿Qué estamos esperando para aprender a usar nuestro cerebro para ser más listos, más felices, más equilibrados, más seguros? Vivamos como si ya hubiéramos logrado nuestros propósitos. Probemos, ¿Qué hay para perder?

 

LOS ATAQUES DE PÁNICO, toda una historia.

El DSM-IV describe al Ataque de Pánico como una crisis de angustia que se caracteriza por la aparición súbita de síntomas de aprensión, miedo pavoroso o terror, acompañado habitualmente de sensación de muerte inminente.

 

Durante estas crisis también aparecen síntomas físicos como falta de aliento, palpitaciones, opresión o malestar en el tórax, sensación de atragantamiento o asfixia y miedo a “volverse loco” o perder el control.

La sensación que sobreviene es tan intensa que desborda la psiquis de la persona, produciéndole un altísimo nivel de estrés en el que ya es imposible pensar racionalmente. Aunque dura entre 10 y 20 minutos, parece que fueran horas. Luego de varias crisis, las personas pierden la confianza en sus capacidades y comienzan a depender de terceros, ya no se atreven a estar solos y cuando salen lo hacen acompañados. Se crea un círculo vicioso del que ya no pueden salir por sí mismos.

Las personas que colaboran con ellos en una demostración de amor familiar, no colaboran en realidad con el proceso de cura, como ellos podrían creer, sino que actúan como reforzadores de los síntomas. Mientras más colaboración tenga la persona, menos confía en si mismo y más temor de quedar sola tiene. No quiere decir que se la deba abandonar, sino que deben colaborar con ella apoyándola en la busqueda de ayuda profesional y haciendo de soporte en la utilización de las técnicas que el psicólogo le indique.

La ´persona que ha sufrido un ataque de pánico, comienza entonces a tener miedo a que le de un nuevo ataque (miedo anticipatorio) que fortalece el circuito neuronal , aumentando la dependencia. Graba y vuelve a grabar con cada acontecimiento en el cerebro, el mismo circuito nervioso, la misma respuesta: el miedo y la dependencia.

No se conoce muy bien como surgen los ataques de pánico, posiblemente su origen esté en un shock adrenalínico (surgido como consecuencia de una falsa alarma percibida, o por un constante estrés), y causante de los síntomas antes mencionados. El organismo está en alerta ante un ataque inminente…  que no llega porque el mensajero se equivocó.

Todos los pacientes con los que he trabajado, han realizado los estudios clínicos de rigor tras pasar por varios consultorios de distintas especialidades médicas, buscando una respuesta a los síntomas físicos en la enfermedad de un órgano, generalmente el corazón.

Después de varias crisis, mucho dinero gastado y casi sin esperanzas llega a la consulta  derivado por algún médico ya sea porque conoce la influencia del aspecto psicológico en el tema, ya sea porque se le agotaron los recursos.

Cuando el paciente llega, lo hace con una gran ambivalencia, por un lado la sensación de que si los médicos no pudieron, poca esperanza queda; y por otro, el secreto deseo de que esta sea la vencida, que alguien le diga lo que realmente tiene, que no está perdiendo la cordura (sensación que se acrecienta con cada resultado negativo de los estudios que le realizaron), además es la última posibilidad que le queda.

Por su parte el psicólogo debe determinar si el paciente cuenta con la suficiente fuerza interna (llamada motivación) para ejecutar, ante la aparición de los síntomas, las técnicas por él indicadas o, si por el contrario pertenece a las personas cuyas creencias lo llevan a buscar la solución de sus problemas en “agentes” externos a él: las “salvadoras” pastillas o a las eternas charlas con amigos o a la corrida de una consulta médica tras otra.

Para los afortunados del primer grupo, la PNL cuenta con técnicas maravillosas basadas en el principio del funcionamiento cerebral, es decir, sabemos que el camino de nuestros sentidos al núcleo amigdalino (centro de las emociones) funciona como una autopista, es muuuuy rápido por eso la aparición de los síntomas en tropel, mientras que el camino de los sentidos a la corteza cerebral (centro del pensamiento racional) funciona como un camino sinuoso de montaña en tiempo de lluvia, es muuuuuy lento. Las técnicas de la PNL permiten ampliar estos caminos secundarios, de forma tal que se agilice el tránsito a la corteza cerebral, a fin de que utilicemos el hemisferio izquierdo para abortar el proceso ansioso iniciado.

Para los menos afortunados del segundo grupo, llevada la angustia o ansiedad a niveles tolerables por medio de la medicación, el trabajo con las técnicas de la programación neuro-lingüística acelera el reconocimiento del proceso del ataque de pánico, lo que permite cortarlo apenas inicia.

¿En qué consisten las técnicas?

Están basadas en el funcionamiento del cerebro. El primer paso es identificar la estrategia que utiliza la persona para llegar a los síntomas y luego modificarla obteniendo así resultados distintos a los acostumbrados. De esta forma estaremos grabando un nuevo recorrido en el cerebro (sobre el recorrido anterior que nos llevaba al ataque de pánico) generando un nuevo camino: el del bienestar. Basta usar esta estrategia en pocas oportunidades para librarse al fin del temido ataque. Esta es una muestra de las maravillas que la PNL puede hacer para mejorar la calidad de vida de las personas.

Bibliografía: Modelar tu mente- Ian Robertson; Estados de Ánimo- Roberta Conlan; La magia en acción- Richard Bandler

El miedo a los examenes

    “Una semana antes del examen comienzo con desarreglos de vientre, diarrea, no duermo, me siento tan cansada…   y  termino no asistiendo al examen. La decisión me alivia y los síntomas ceden…pero luego comienzo a llenarme de culpas.”

Así plantea Susana su temor a rendir. Varios pueden ser los orígenes y múltiples son los síntomas.
Lo que hizo Susana fue establecer una creencia de ineptitud (basada en una experiencia propia o ajena, real o imaginaria) lo que derivó en un cuadro generador de un miedo irracional que abarca:

• LOS PENSAMIENTOS fijos en la idea central de no poder aprobar, ya sea por creer que no estudió lo suficiente, o que no podrá alcanzar el nivel de exigencia del profesor, o la posibilidad de que la mente se le ponga en blanco, etc.

• LOS SENTIMIENTOS donde la ansiedad que siente es desmedida al igual que el miedo catastrófico a fracasar y

• EL CUERPO que sintetiza las dos áreas anteriores manifestándolas a través de síntomas físicos entre los que se encuentran temblor en las manos, dolor de estómago, sudoración, alteración en la respiración y aceleración del ritmo cardíaco, insomnio, nauseas y vómitos.

El miedo excesivo produce una desorganización en el pensamiento y no permite mantener el orden planificado de estudio y concentración (una prueba de ello es “la mente en blanco” o las comunes “lagunas de pensamiento”. Conviene aclarar que un cierto nivel de ansiedad es necesaria para lograr una preparación adecuada, focalizar la atención y realizar el mejor esfuerzo para obtener los resultados esperados. El problema surge cuando esos miedos y nervios se agrandan de manera desproporcionada y juegan en contra provocando resultados desastrosos y realizando la profecía autocumplida: EL TAN TEMIDO FRACASO.

El temor que experimenta el alumno es de miedo, ya sea a la situación del examen o a las consecuencias (siempre agrandadas) del mismo.
El miedo es la emoción que uno experimenta cuando percibe que puede suceder algo que pone en peligro su bienestar físico y/o psicológico. Es la sensación de “algo malo me va a pasar”. Los alumnos con un elevado nivel de ansiedad ante un examen, pueden creer que es muy probable que desaprueben el mismo. Y para éstas personas “desaprobar” tiene un significado mucho mas catastrófico que para el resto. Para evitar desaprobar, se decide que es mejor “NO PRESENTARSE”, como lo hizo Susana, ganando tranquilidad a costa de una gran culpa y el reforzamiento de la creencia de incapacidad personal que puede llevarla hasta el grado extremo de abandonar sus estudios.

El tipo de examen puede aumentar o disminuir el temor. Generalmente un examen escrito no genera tanta ansiedad como uno oral, en el que el alumno se encuentra cara a cara con el profesor. Si bien el examen escrito permite pensar y revisar las respuestas, el oral permite defender una postura o un conocimiento, opción que no se puede tomar en un examen escrito. Se debe comprender que el profesor no evalúa personas, sino conocimientos.

Lo que necesita saber el estudiante es que las creencias o pensamientos pueden cambiar de “soy incapaz de aprobar”, “no estoy suficientemente preparado” (a pesar de hacer mucho tiempo que está estudiando), “me voy a quedar muda”, “no va a venir a mi mente lo que estudié”, etc, a través de sencillas técnicas que ayudarán a dar el adecuado valor a la situación de examen comprendiendo que un examen no es una situación extrema, sino que se trata de un intercambio y evaluación de conocimientos, adquirir la creencia que se es capaz, organizar sus pensamientos y acciones dirigiéndolos hacia su objetivo y mantenerse en ello hasta finalizar el proceso, valorar el aprendizaje alcanzado en los días de estudio, reconocer que nada grave pasa si desaprobamos un examen y generar las fuerzas para volver a intentarlo, esta vez de otra manera.

La psicoterapiay los niños con dificultades de aprendizaje – Artículo para padres

Uno de los escollos de la educación en general, es la poca efectividad lograda con los niños que presentan “dificultades de aprendizaje”, tema muy conversado entre el sistema escolar y diversos profesionales y poco comprendido por el docente en situación (me refiero a la limitación no intencional, de ponerse en lugar del niño que está sufriendo este problema).
Como este es un artículo para padres, comenzaré por explicitar los diversos motivos por los cuales su hijo tiene dificultades para aprender. Ante todo debo dejar claro que tener dificultades para aprender no implica la incapacidad para hacerlo, lo que implica es la dificultad para hacerlo en un aula con 25 o 30 compañeros y de la manera que se lo enseñan. Además, y el centro de la cuestión, es que su hijo es inteligente, que tiene capacidad de aprender, lo que sucede es que su cerebro percibe y procesa la información de manera diferente al 70% de sus compañeros.
Posibles motivos por los cuales su niño presenta dificultades para aprender:
1. Factores genéticos pueden hacer que la dificultad sea heredada de alguno de sus padres.
2. Factores perinatales, como una pequeña anoxia al momento de nacer o problemas durante el embarazo.
3. Factores relacionados al desarrollo: cada persona, ante un estímulo determinado, lo ingresa a su cerebro por uno de los cinco sentidos (vista, oído, sensaciones o tacto, gusto y olfato) priorizando uno de ellos. La escuela atiende sólo a los sentidos de la vista y oído. Si el niño aprende por sensaciones o tacto, quede excluido de la posibilidad de aprender y comprender como lo hacen los niños que priorizan la vista o el oído.
Posibles dificultades de aprendizaje que presente su niño:
1. Dificultad para leer, se llama dislexia.
2. Dificultad para comprender y aprender matemática, discalculia.
3. Dificultad para escribir, disgrafía.
Puede suceder que los padres no perciban las conductas de sus hijos como un síntoma que les está contando que tiene dificultades (muchas veces los padres consideran a su hijo lento, irresponsable, vago, desobediente, indisciplinado sin darse cuenta que su dificultad radica en la forma de hacer y no en la forma de ser. Ambas pueden ser modificadas, la primera más rápido que la segunda, pero ambas tienen solución.). Como consecuencia de la doble ignorancia paterna: que es un problema y que tiene solución, se presentan situaciones que afectan la vida del niño, tales como:
1. Ignorancia de las consecuencias a largo plazo. desconsiderando el problema, sin tratamiento, puede llegar a ocasionar el abandono escolar o el no inicio de una carrera universitaria por creencia de incapacidad. Limitación importante al momento de decidir un futuro.
2. Baja autoestima. Si el niño se auto percibe como limitado, actuará como si esta limitación fuera real, como si él tuviera una “falla” que no tiene remedio, lo que obviamente bajará su autoestima por comparación con los demás.
3. Mala conducta. Como consecuencia de su “no comprensión” los niños se distraen fácilmente en clase al aburrirse, y se aburren porque no se interesan en lo que están tratando infructuosamente de enseñarle dado que al no entenderlo no se genera la motivación. Por lo tanto sus conductas en clase serán de levantarse de su asiento, charlar con sus compañeros, jugar con lo que tengan a mano, molestar al grupo.
4. Poca memoria. Como consecuencia de la falta de comprensión, presentarán poca memoria ya que su cerebro no puede relacionar estímulos que carecen de significado, entonces no recordarán lo que hicieron en clase, ni las tareas que le dieron y si las hace será de manera incompleta.
5. Bajo umbral a la frustración. Los niños que presentan estos problemas, aprenden a frustrarse muy fácilmente, lo que los torna llorones o agresivos, perfilando su personalidad hacia la depresión, timidez o antisociabilidad.
Una vez que el maestro o los padres detectaron las dificultades del niño, lo indicado es acudir, dependiendo de la dificultad, al psicólogo (cuando hay problemas de conducta) o psicopedagogo (cuando las dificultades se refieren a la mecánica del aprendizaje), quienes tienen los conocimientos necesarios para producir los cambios que el niño necesita para hacer de su aprendizaje una experiencia gratificante.

¿Porque no todos pensamos igual?

 Muchas veces nos preguntamos, si una situación es tan evidente para nosotros, por qué no lo es para otra persona. El  ser humano tiende a creer que todos vemos lo mismo en determinada situación. Esto es una falacia. En realidad, valga la redundancia, la realidad no es común a todos, no depende de lo que “veamos” sino de lo que miremos. En esta diferencia semántica de dos palabras similares, está lo que distingue los distintos puntos de vista sobre una realidad común.
En la Universidad de Virginia, la doctora DeLoache, identificó el rasgo humano que nos diferencia del gorila: el razonamiento simbólico. Es la capacidad que tenemos de observar un objeto y darle distintos significados, por ejemplo, al observar una figura geométrica de cuatro lados, no sólo ver un cuadrado, sino un cuadro, un porta retrato, una ventana, un plato, etc. Nuestro cerebro tiene la propiedad de ver el cuadrado pero también de asignarle diferentes significados. Es decir, de inventar “cosas” que no están allí y a las que nos remite nuestra experiencia de vida, única e inigualable. Cuando un niño juega a las carreras de coches, crea, a través de su capacidad de imaginar, los sonidos, los movimientos, la velocidad, y todos los elementos presentes en la situación. En síntesis, lo que DeLoache llama Teoría de la representación dual, no es más ni menos que nuestra capacidad de atribuir significados y características a cosas que en realidad no las tienen en sí mismas. El mayor ejemplo son las palabras. Cuando vemos la palabra “cuadro”, lo que vemos en la realidad común son las letras c-u-a-d-r-o, sin embargo, en la realidad individual, cada uno verá un cuadro pintado, una fotografía o un dibujo. El problema es que no lo sabemos distinguir y damos por supuesto que la realidad individual es la realidad común.
Nos vamos acercando así a la comprensión del título de este artículo. No pensamos todos igual porque cada uno de nosotros tiene y vive en su realidad individual “armada” en base a las experiencias de vida. Y estas son únicas, determinan nuestros anteojos particulares y conforman nuestra personalidad, nuestra forma de ser en un mundo plagado de realidades individuales que tiñen, modifican y manipulan la realidad común.

¿Por qué hacer PSICOTERAPIA DEL PROCESO?

PORQUE  la psicoterapia del proceso pertenece al grupo de las psicoterapias breve. Con ella, la resolución de los conflictos se realiza en breve tiempo y los cambios realizados permanecen en el tiempo, es decir que no hay reincidencia. Si usted se cura de una fobia, por ejempo, ésta no regresa más.

PORQUE la terapia del proceso no considera que las personas estén “enfermas”, sino que realizan acciones habituales y automáticas ineficaces para el logro de sus metas, objetivos o deseos. Por ejemplo: imaginemos un niño que a través de gritos y llantos logra llamar la atención de sus papás y obtener lo que desea; al darse cuenta de que esta acción es exitosa, la repite en el tiempo generando lo que se llama “un hábito” (hacer siempre lo mismo). A medida que va creciendo y hasta llegar a la edad adulta, este hábito es cada vez menos efectivo, sin embargo, no puede desprenderse de él, por más que lo intenta. De esta manera, le gritará a su pareja cuando no logra lo que desea, a sus hijos cuando le desobedezcan, a personas de su entorno cuando no actúen de acuerdo a sus deseos u opiniones. El sentido común le indica que no está siendo efectivo y que tiene que realizar cambios, pero la emoción del momento le embarga bloqueando toda posibilidad de elegir otra conducta. La psicoterapia del proceso con sus técnicas, es sumamente efectiva en ayudar al paciente o cliente a lograr los cambios deseados. ¿Cómo identificar si esto le está sucediendo a usted? En principio porque sus relaciones no son lo suficientemente satisfactorias, tanto para usted como para las personas que le rodean. Luego, porque frases como “siempre me pasa lo mismo”, “¿Por qué a mí?, “yo no puedo…”, “siempre yo tengo que…”, “siempre se me acerca el mismo tipo de personas, ¿por qué será?”, dan vuelta en su mente a menudo.

PORQUE el responsable de producir cambios es el paciente o cliente. La psicoterapia del proceso le dará “tareas sencillas” a realizar entre sesiones, que reforzarán el nuevo aprendizaje realizado. De la realización de las mismas dependerá el tiempo de duración y la efectividad del proceso terapéutico.

PORQUE los cambios son observables desde la primera sesión.

 

 

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