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Somos seres duales

 

DualidadAunque no es de general conocimiento, conviven dos personas en nosotros. La primera y visible, la social, la que podemos mostrar a los demás y a nosotros mismos; la segunda invisible, difícil de ver si no sabemos cómo y la que Jung llamó “sombra”, la que nos acompaña siempre, que permanece en segundo lugar y que sólo se evidencia a través de nuestras conductas y pensamientos o juicios. Un ejemplo de esta dualidad, es aquella persona que ante los demás se muestra  sumamente cordial y amistosa, a todos cae bien, sin embargo en casa es  malhumorado con su familia, explota con facilidad y protesta o grita por nimiedades. En nuestra dualidad, la “primera persona” corresponde a la imagen social que necesitamos brindar para sentir el aprecio o valoración de los demás. En estas conductas sociales, no mostramos nuestros juicios íntimos ni los verdaderos sentimientos, cosa que si hacemos donde nos sentimos seguros, donde no tenemos que mostrar una careta para ser apreciado, donde podemos mostrar nuestra sombra confiando en que seremos aceptados tal cual somos (al menos por el momento).

Del tamaño de nuestra sombra habla nuestra seguridad en nosotros mismos, nuestra estima. Mientras menos de ella podamos mostrar al mundo, más pequeña será nuestra auto valoración. En tanto más nos conozcamos, mientras más integrada tengamos nuestra sombra a nuestra personalidad, más alta nuestra estima hacia nosotros mismos.

Para lograr esto último, debemos en primer lugar, aprender a escuchar a los demás. Ante  alguien que nos dice “tú siempre llegando tarde”, responderemos de acuerdo al nivel de nuestra auto estima, si es baja, comenzaremos buscando excusas para justificar nuestras constantes llegadas tardes o nos disgustaremos o quedaremos dolidos o resentidos con la otra persona (no sólo con su opinión). Si nuestro nivel de autoestima nos lo permite, podremos ver en las palabras del otro nuestro espejo, podremos preguntarnos, sin justificar, lo que nos pasa con esa persona o situación, por qué tenemos ese habito y al obtener la respuesta estaremos haciendo consciente una parte de nuestra “sombra” lo que nos dará la posibilidad de modificar nuestras conductas integrándola a nuestra parte visible, social. En este caso, no valoramos la palabra o acción de la otra persona, sino la nuestra. Es en este segundo aspecto donde estamos integrando aspectos nuestros antes desconocidos.

Este nuevo conocimiento producirá como efecto la modificación de nuestras conductas en lo sucesivo, empequeñecerá nuestra sombra al hacer consciente este aspecto de nuestra personalidad oculto hasta ahora a nuestro conocimiento.

Aquello que no se hace consciente, es observable en nuestra vida a través de lo que llamamos “destino”.

 

YO NO PUEDO CAMBIAR

descargar-imagenes-abstractas-hd-gratis-5En el artículo anterior entendimos desde dónde responden las personas que dicen o piensan “yo soy así” y nos cuestionábamos si esto era un hecho grabado a fuego. Las personas que terminan las discusiones diciendo que son así, implícitamente piensan que es así, que no hay cambio posible ya sea porque lo intentaron en vano ya sea porque así lo creen y por lo tanto, convencimiento. Lo cierto es que, en cualquiera de nuestras conductas no deseadas, respondemos desde el pasado, desde nuestros recuerdos de situaciones que despertaron en nosotros ese sentimiento que dispara automáticamente estas conductas no queridas. Quiero aclarar, que cuando digo automáticamente, estoy diciendo que todo se genera bajo el umbral de conciencia y que cuando nos dimos cuenta, es decir , cuando tomamos conciencia de lo que esta pasando, ya es tarde, la conducta ya se ejecutó. Luego vienen los arrepentimientos o culpas. A estos le siguen los propósitos de cambio bien intencionados pero de poca intensidad y menos resultado y a estos la frustración y el abandono de busqueda de conductas alternativas y el refuerzo de la vieja y adictiva conducta con la resignación resumida en pocas palabras: “yo soy así, no puedo cambiar”. Siguiendo a Dispenza “si tenemos en cuenta que solo el 5% de la mente es conciente, el 95% restante esta dirigido por programas  automáticos subconscientes. Hemos memorizado una serie de conductas tan a la perfección que se han convertido en automáticas en nuestro cuerpo-mente hasta el punto de que el cuerpo es la mente y estamos siendo lo que recordamos de nosotros mismos.” Si seguimos teniendo los mismos pensamientos y sentimientos, tendremos con seguridad los mismos tipos de respuestas limitadas y siempre referidas a un pasado que se renueva permanentemente en el futuro. Triste, no? Desde este punto de vista, podemos decir que son los recuerdos y sus emociones asociadas las que moldean nuestra realidad y por ende, nuestro futuro a imagen y semejanza del pasado. Fundamento que torna en verdad el “yo soy así” pero con un gran autoengaño: el “yo no puedo cambiar” Entonces, ¿Cómo genero conductas distintas? Utilizando una propiedad de la mente: su incapacidad para distinguir lo real de lo imaginado. Se descubrió que la mente utiliza las mismas neuronas para observar un objeto que para recordarlo. La Programación Neuro Lingüística creó una serie de técnicas que permiten utilizar esta propiedad de la mente para “crear” un recuerdo que potencie nuestras habilidades naturales a través de la visualización. Esta  deberá proyectar como una película la actitud que deseamos tener con mucha claridad y en colores. Aplicadas cualquiera de las técnicas, de manera constante durante un período de 7 a 15 días, la mente toma como ciertas esas conductas creadas en las visualizaciones y, sin percatarnos, ya tenemos una manera nueva de actuar, y con su práctica cambiaremos la creencia de que somos de una determinada manera a la creencia de que somos lo que queremos ser.

Autoestima

Es una palabra muy usada en los tiempos que corren, diríamos que está de moda. Pero también nos sirve como Papelera de Reciclaje, todos los males habidos y por haber pasan por la autoestima. ¿Será así?

 

Veamos. Hay una definición que me gusta mucho desde que la leí. Dice que la autoestima es inversamente proporcional a la distancia que hay entre lo que soy y lo que me gustaría ser. Es decir que a mayor distancia entre lo que yo soy (o al menos creo que soy) y lo que “de alma” me gustaría ser, menor será la estima que me tenga.

 

Bien, esto como palabrería suena muy bien para mí y para alguno de ustedes también, pero……¿será que todos nos hemos puesto a pensar en como somos o nos gustaría ser? O nos es más fácil pensar en cómo no somos?

 

Y en el caso de haberlo hecho, tal vez nos dijimos yo soy tímida/o y cerramos la puerta a más búsqueda como por ejemplo, soy expresiva, afectiva, comunicativa,…….etc. Es fácil que una vez que encontramos una piedra en el camino la utilizamos de lápida (cuántas veces nos escuchamos decir o pensar – y bueno, yo soy así.)

 

La autoestima comienza por conocernos lo más profundamente que podamos, implica saber quién soy, qué soy, cuales son mis ilusiones, mis sueños, donde estoy parado aquí y ahora en mi vida, como me comunico, cuales son mis defectos y cuánto quiero trabajar en ellos para cambiarlos, que me hace feliz, qué me pone triste, qué me deprime, cómo hago para salir de mi depresión, qué me pone ansioso, cómo me comporto estando ansioso, cómo controlo mi ansiedad, si pienso en lo que quiero o en lo que me viene a la mente…es decir saber si soy yo quién conduce el timón de mi vida o si tengo las velas desplegadas para que el viento me lleve hacia donde él sople.

 

El primer paso para saber quien soy comienza justo en este punto. En una búsqueda que me llevará a lo más profundo de mi intimidad, donde tengo guardadas todas las respuestas. El camino a la autoestima comienza por atreverse a mirarse, sentirse, escucharse y marcar el camino hacia la persona que queremos ser.