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ANOREXIA NERVIOSA “Los genes cargan el arma, pero el ambiente aprieta el gatillo” Dr. Kaye

Cuando leí esta frase se produjo en mí lo que en psicoanálisis se llama “insigth” que no es más que la fuerte sensación que sentimos cuando de pronto comprendemos algo. Las frases salteadas que escuché de una paciente, de pronto, cobraron sentido y forma. Y quiero compartirlo con las personas que sufren en sí mismas la anorexia o tiene algún familiar cercano con esta dolencia.

Las frases son: “me cuesta mucho recuperar mi peso y más aún mantenerlo ya que en cuanto llego a él, me agarra una gastroenteritis que me vuelve a poner bajo peso”, “mi padre es de buen comer, pero luego se mata haciendo gimnasia”, “mi madre cena un yogurt y una fruta desde que tengo memoria”, “mis padres son obsesivos, se enojan si no como todo lo que me sirven”, “parece que todo lo que importa es si como y cuanto, no como me siento o como me va en la facu”.

“No se conocen las causas exactas de la anorexia nerviosa dice Medline Plus, un servicio de biblioteca médica y agrega: Muchos factores probablemente estén involucrados. Los genes y las hormonas pueden jugar un papel. Las actitudes sociales que promueven tipos de cuerpos muy delgados también pueden contribuir”.

Celia, mi paciente, puede haber tenido genéticamente predisposición “los genes cargan el arma” pero las actitudes paternas bendicen el cuidar el peso y la figura con sus propias actitudes, todo  agravado si tenemos en cuenta que esta disfunción aparece en la adolescencia (periodo de adolecer, de falta de recursos (seguridad) que los mayores ya adquirieron) y en el que comienzan a buscar su propia identidad observando a su grupo social, ametrallados por la publicidad de cuerpos femeninos masculinizados, sin formas de mujer como modelos a seguir, entonces…. “ya se apretó el gatillo” y la adolescente entró de lleno en la anorexia como estrategia de doble identificación: primero con sus padres y luego con su grupo, sin saber que está en un juego peligroso  que puede llevarla a la muerte.

Todos hemos sido padres imperfectos. No sirven las experiencias de nuestros mayores, tenemos que comenzar de nuevo con la crianza de nuestro propio hijo. Aprendemos a ser padres mientras ellos aprenden a ser hijos. Y nos equivocamos SIEMPRE, unos más que otros. Los padres de Clara tienen la oportunidad de revisar sus prioridades y su forma de enfrentarse a la comida y a la imagen, revisión que ayudará a Clara a mirar de otra manera el acto de comer, hasta quizá de encontrar placer en la comida, lo que le dará la oportunidad de volver a sentir hambre y seguramente, arropada por padres que no sobrevaloran la figura, aprenda ella a relajarse pensando y sintiendo que es más que un número en la balanza…. Mucho más.

Los padres de Clara no acudieron a la cita que les solicité. Hoy Clara está internada…..Ojalá mañana no llueva.