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El miedo a los examenes

    “Una semana antes del examen comienzo con desarreglos de vientre, diarrea, no duermo, me siento tan cansada…   y  termino no asistiendo al examen. La decisión me alivia y los síntomas ceden…pero luego comienzo a llenarme de culpas.”

Así plantea Susana su temor a rendir. Varios pueden ser los orígenes y múltiples son los síntomas.
Lo que hizo Susana fue establecer una creencia de ineptitud (basada en una experiencia propia o ajena, real o imaginaria) lo que derivó en un cuadro generador de un miedo irracional que abarca:

• LOS PENSAMIENTOS fijos en la idea central de no poder aprobar, ya sea por creer que no estudió lo suficiente, o que no podrá alcanzar el nivel de exigencia del profesor, o la posibilidad de que la mente se le ponga en blanco, etc.

• LOS SENTIMIENTOS donde la ansiedad que siente es desmedida al igual que el miedo catastrófico a fracasar y

• EL CUERPO que sintetiza las dos áreas anteriores manifestándolas a través de síntomas físicos entre los que se encuentran temblor en las manos, dolor de estómago, sudoración, alteración en la respiración y aceleración del ritmo cardíaco, insomnio, nauseas y vómitos.

El miedo excesivo produce una desorganización en el pensamiento y no permite mantener el orden planificado de estudio y concentración (una prueba de ello es “la mente en blanco” o las comunes “lagunas de pensamiento”. Conviene aclarar que un cierto nivel de ansiedad es necesaria para lograr una preparación adecuada, focalizar la atención y realizar el mejor esfuerzo para obtener los resultados esperados. El problema surge cuando esos miedos y nervios se agrandan de manera desproporcionada y juegan en contra provocando resultados desastrosos y realizando la profecía autocumplida: EL TAN TEMIDO FRACASO.

El temor que experimenta el alumno es de miedo, ya sea a la situación del examen o a las consecuencias (siempre agrandadas) del mismo.
El miedo es la emoción que uno experimenta cuando percibe que puede suceder algo que pone en peligro su bienestar físico y/o psicológico. Es la sensación de “algo malo me va a pasar”. Los alumnos con un elevado nivel de ansiedad ante un examen, pueden creer que es muy probable que desaprueben el mismo. Y para éstas personas “desaprobar” tiene un significado mucho mas catastrófico que para el resto. Para evitar desaprobar, se decide que es mejor “NO PRESENTARSE”, como lo hizo Susana, ganando tranquilidad a costa de una gran culpa y el reforzamiento de la creencia de incapacidad personal que puede llevarla hasta el grado extremo de abandonar sus estudios.

El tipo de examen puede aumentar o disminuir el temor. Generalmente un examen escrito no genera tanta ansiedad como uno oral, en el que el alumno se encuentra cara a cara con el profesor. Si bien el examen escrito permite pensar y revisar las respuestas, el oral permite defender una postura o un conocimiento, opción que no se puede tomar en un examen escrito. Se debe comprender que el profesor no evalúa personas, sino conocimientos.

Lo que necesita saber el estudiante es que las creencias o pensamientos pueden cambiar de “soy incapaz de aprobar”, “no estoy suficientemente preparado” (a pesar de hacer mucho tiempo que está estudiando), “me voy a quedar muda”, “no va a venir a mi mente lo que estudié”, etc, a través de sencillas técnicas que ayudarán a dar el adecuado valor a la situación de examen comprendiendo que un examen no es una situación extrema, sino que se trata de un intercambio y evaluación de conocimientos, adquirir la creencia que se es capaz, organizar sus pensamientos y acciones dirigiéndolos hacia su objetivo y mantenerse en ello hasta finalizar el proceso, valorar el aprendizaje alcanzado en los días de estudio, reconocer que nada grave pasa si desaprobamos un examen y generar las fuerzas para volver a intentarlo, esta vez de otra manera.