Temor a los examenes

El temor a los exámenes es un miedo que afecta a un alto porcentaje de alumnos y su padecimiento tiene consecuencias que van desde comerse las uñas hasta abandonar una carrera por no poderlo superar.

Quién lo sufre lo identifica sin lugar a dudas. Es esa ansiedad incontenible que se manifiesta con una gran alteración nerviosa que puede traer, dolores de estómago, diarreas, taquicardia,  insomnio, sudoración, sensación de mente en blanco y terror que va aumentando a medida que la fecha se acerca.

Históricamente puede haberse iniciado luego de fracasar algunas veces (ya sea en exámenes, ya sea en exposiciones orales, ya sea por excesiva timidez) situación que confirmó los temores más profundos: “no sirvo para esto”, “nunca más voy a poder aprobar un examen”, “nunca voy a poder exponer oralmente mi tema”, “siempre me va a pasar lo mismo”, “mejor dejo la facu”, etc., etc., todos los etcétera que se le ocurran.

No podemos hablar de este paralizante temor sin mencionar el estrés. Toda situación de evaluación implica estrés, ya se trate de selección laboral, rendir un examen o exponer un proyecto o hacer una presentación.

Pero… qué es el estrés?

La palabra estrés se deriva del griego STRINGERE, que significa provocar tensión. Según  la física y la ingeniería el término describe la fuerza que se aplica a un material y el daño o la deformación resultante.

La psicología toma el concepto y lo aplica al ser humano definiéndo estres como: una sensación de tensión física o emocional. Reformulando la aplicación de la física, nos encontramos que para la psicología el estrés es la sensación que percibe un ser humano como respuesta a situaciones vitales que demandan o producen energía fuera de lo común.

Para que haya estrés se necesita “un cuerpo” o persona a la que se le aplica una fuerza fuera de lo común (situación de examen, ocurre pocas veces al año durante cinco o seis años) que genera en el cuerpo una tensión (ansiedad). Los dos primeros elementos interactúan de tal manera que la intensidad de la fuerza aplicada no obtendrá  siempre la misma respuesta ya que ésta depende del cuerpo (persona) al que se le aplique.

Richard Lazarus (1966), notable psicólogo norteamericano sostiene que “el estrés es un estado de ansiedad producido cuando los acontecimientos o responsabilidades exceden las habilidades percibidas”. También decía que es «el resultado de la relación entre el individuo y el entorno, evaluado por aquél como amenazante, que desborda sus recursos conocidos y pone en peligro su bienestar».

Entonces tenemos: la persona, el estímulo no regular y la sensación física o emocional que el mismo produce.

Vamos a analizar los tres elementos:

–       la persona: sabemos por experiencia de vida que no todas las personas actúan de la misma manera ante determinada circunstancia. En nuestro caso, son variadas las respuestas ante una situación de examen, entre ellas están los que se sienten seguros y atraviesan el acontecimiento con solvencia, los que sienten temor y se ponen nerviosos pero no se bloquean, otros que se descomponen días previos al examen y terminan no asistiendo.

–       El estímulo: en este caso es el examen en sí.

–       La sensación física o emocional consecuente: (dependiente del primer elemento) que pueden ser muy diversas y todas ellas de variada intensidad, por ejemplo: aumenta la frecuencia cardíaca, el ritmo respiratorio, acidez estomacal, cefaleas, tensión muscular, temblores, tartamudeo, etc.

De los tres elementos, el primero y el último están íntimamente relacionados, ya que no puede existir el uno sin el otro.

Ahora bien ¿Qué conecta el examen con la intensidad de la ansiedad generada? EL PENSAMIENTO. Lo que el alumno piense sobre el examen y su capacidad de afrontarlo será el combustible generador de una ansiedad que lo ayude a superarlo o de una ansiedad que lo boquee hasta llevarlo a abandonar una deseada carrera.

Manejar el pensamiento es posible y saludable.

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